Espera su visa humanitaria el migrante sobreviviente
Tras agresión el centroamericano guarda fuerte rencor contra sus agresores de los que afirma, si tuviera un arma se vengaría
06 de Diciembre 2015 / Apizaco, Tlax. (Texto y Foto Sergio Espinoza)
Por instantes los sentimientos de rabia, odio y venganza en contra de sus agresores invaden a «Gus», quien el pasado 5 de octubre estuvo a punto de perder la vida tras haber recibido al menos dos impactos de bala en su cuerpo, esto cuando junto con otros centroamericanos viajaba rumbo al norte sobre «La Bestia», lo que cambió radicalmente su existencia.
A más de dos meses y en plena recuperación, Gustavo Alberto López Quiroz quien es de origen nicaragüense y tiene 31 años de edad; desde mediados de octubre recibe alojamiento en el albergue “La Sagrada Familia” en Apizaco, recuperándose paulatinamente de la perforación y retiro parcial de un pulmón y lesiones en sus costillas.
En espera de sus papeles (visa humanitaria) Gus –como es conocido en el albergue–, pacientemente se ha sumado a los trabajos del albergue con la esperanza de permanecer legalmente en México, lo que se concretaría hasta enero de 2016, debido que existe cierta resistencia de las autoridades.
Las que incluso están por iniciar el periodo vacacional de fin de año, situación que afecta su vida de manera sustancial ya que prácticamente está en el limbo por la burocracia que caracteriza a las dependencias.
Cuestionado por varios medios de comunicación locales y nacionales, Gus recuerda la trágica tarde del 5 de octubre:
«el día de que me dispararon no estuvo nada bueno, estuvo muy duro, me tocó sobrevivir yo solo, los compañeros con los que venía se fueron, yo miré que todos corrieron y se fueron, me quedé solito en el tren…pasando los puentes siempre es lo mismo, me dispararon”, comenta con mirada prístina.
Y es que relata que ese día, personas vestidas de policía y con pasamontañas, dispararon -sin razón alguna- en contra de una veintena de migrantes que viajaban a bordo del tren, en los límites de Tocatlán y Xaloztoc, lo que dejo como saldo; la muerte de Henry Mauricio Gaitán Ayala, de origen hondureño y en Gustavo, heridas a consecuencia de disparo de arma de fuego penetrante en emitorax derecho con lesión pulmonar.
Al respecto Gustavo agrega:
«No caí, quedé arriba del tren”
Esto mientras señala, grotesca herida que corta un tercio del pecho en el extremo derecho donde le pusieron el dren y recuerda que estuvo entubado y en coma durante una semana, recordando que esa calurosa tarde la desesperación por salvar su vida, lo obligó a brincar una cerca hace a una empresa a la cual se metió.
“Después de que me dieron (el balazo) pedí a mis compañeros ayuda, pero se fueron corriendo por el mismo susto y cada quien salvando su vida. Lo que hice fue bajarme, me quedé solo y caminé hasta que miré la malla de la empresa, me brinqué y me auxiliaron, llamaron a la ambulancia y fue gracias a ello que llegué al hospital, si no me hubiera quedado muerto”, relató con voz profunda.
Esto al tiempo de agregar:
“el otro compañero (Henry), hondureño, no tuvo la suerte, a él le dispararon más, yo estuve acostado tras los disparos. Miré como el garrotero levantó su arma y empezó a disparar. Yo miro que es el único que va corriendo (Henry) y sólo escucho los disparos… bang, bang, bang y lo último que miré de él fue que bajó y no pensé que se iba a quedar ‘pintado’ en la escalera”.
Sin temor a equivocarse detalla a los reporteros, que la vestimenta de los agresores es color negro:
«pantalón negro, bolsa a los lados, chaleco negro, unos usan playera y su insignia es amarilla y adentro llevan una estrella amarilla y con pasamontañas, no enseñan el rostro, sólo tapados”.
Es más, refiere que todos los migrantes que han llegado al albergue “La Sagrada Familia” en el tiempo que él ha estado convaleciendo y ayudando:
“siempre dicen que a ‘los garroteros’ (como llaman a «los negros’) son esas características y que los amenazan de que si no se bajan del tren, que los matan, que tienen la orden de tirar a matarlos ‘como perros’….”, pasando saliva con cierta amargura e impotencia.
“La patrulla que miré cuando me dispararon fue una camioneta color blanco con estrella amarilla y letras entre amarillo con negro. Es la que di en mi denuncia”, afirma al tiempo de levantar su camisa deportiva.
Luego revela que en Nicaragua se quedó su madre, su pareja y sus hijos; aclarando que su intención no es cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, en virtud de que ha trabajado en Nuevo Laredo y en Monterrey.
“En Monterrey está una jefa mía, tengo comunicación con ella, sabe lo que me pasó y dice que arregle mis papeles y me vaya para allá, allá está mi trabajo. Nunca he pasado del otro lado, tengo mi papá del otro lado, tengo tíos, pero yo no paso del otro lado, siempre he trabajado en Monterrey, ahí ganó bien y siempre me he quedado en México”.
Dice trabajar como soldador y colocando tablaroca, cuando empiezan las ore fintas incómodas y ácidas del reportero.
–¿Vale la pena arriesgar la vida?
–Eso esta duro, no creo que valga la pena, uno lo que viene pensando cuando sale de su país, pero lo que nos obliga es mejorar la economía y tener algo mejor para la familia. Mi sueño era ayudarle a mi mamá ahorita que la tengo viva, ya está grande. En mi país han construido varias casas bonitas. Mi pensar es que mientras mi mamá esté viva, pues levantarle su casa, que mire su casa bien mientras esté viva. Mi propósito de salir fue ayudarle a eso. Estando en México pude comprar una casa en Nicaragua y terminar de levantarla.
–¿Los garroteros (los negros) han encontrado motivo para abrir fuego en contra de los migrantes?
–El tren en el que viajaba venía vacío, no venia ningún garrotero, ni nada. Cuando el tren trae carga de maíz o arroz, por ejemplo, siempre vienen arriba los garroteros cuidando, ya lo sabemos.
–¿Sientes odio contra esas personas?
–¡Ah pues sí!… siempre he dicho que si tuviera un arma, también (dispararía), no sé si hubiera sido contra el que me disparo o no, pero sí me dejaron fregado para toda la vida, mi pulmón fue reconstruido y el doctor me dijo que sólo salvé un pedazo de mi pulmón. Las costillas sanaron solas.
“Antes me gustaba mucho jugar básquetbol y fútbol, pero el doctor me dijo que probablemente no podría tener el mismo ritmo de lo que hacía hasta antes de la agresión. El cansancio me afecta, camino mucho y me canso demasiado, no puedo caminar y hablar al mismo tiempo, me sofoco, o camino o hablo”, hace un recuento de su nueva «vida».
De complexión delgada y tez morena que es adorna por un tatuaje que recuerda el odio que amenaza con consumir su corazón, Gustavo reconoce que en el albergue lo han tratado bien y le brindaron atención médica.
“Ya no tomo medicamento, gracias a dios que me ha dado la fuerza de recuperarme rápido; para lo que me pasó, la….la brinqué, fue horrible”, evadiendo la lente de los insistentes reporteros y resignándose a que tendrá una discapacidad.
A pesar de todo esto, lamenta el que aun n se castigue a la persona que lo agredió, pues piensa que la empresa que contrata a ‘los garroteros’ debe saber quiénes estaba laborando a esa hora, eran entre las 4:30 y 5 de la tarde:
«pero no quieren proceder, esto realmente ya quedó así”, se resigna y observa su playera con un dejo de lacerante impaciencia, lo que incluso lo obliga a apretar los dientes en señal de impotencia.
Tags: migrantes, Gustavo Alberto López Quiroz, lesionado, herido, agresión, garroteros, negros, Xaloztoc, Apizaco, sagrada familia, recuperación, visa, humanitaria, burocracia, odio, rencor,

